martes, 30 de octubre de 2012

Más sobre el debate respecto a la permanencia de España en el euro

En diciembre de 2011 escribí dos breves artículos sobre España y el euro. Su título ya tomaba partido de manera inequívoca por la salida: “¿Debería España salir del euro? Cuanto antes, es tarde” (ver aquí y aquí).
Hoy, casi 11 meses después, vuelvo a pensar sobre ello, aprovechando que los compañeros/as de ATTAC TV me van a realizar una entrevista al respecto, al igual que a otros/as miembros del Consejo Científico de ATTAC España. Así, el formato de este artículo seguirá el hilo de las preguntas que formulan con carácter general para todos/as los/as entrevistados/as.
- De seguir con la aplicación de los ajustes y reformas según los planes de austeridad aprobados en la UE, ¿hacia dónde va el país?
Desde el punto de vista de la estabilidad macroeconómica, todo apunta a que las actuales políticas de austeridad están abocando ahora (y en el futuro) a mayores desequilibrios. Esto es reconocido incluso por organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dichos desequilibrios se concretan en mayor desempleo, recesión económica e incluso en mayor déficit público y deuda pública respecto al PIB. Respecto a la deuda pública y su financiación cada vez a mayores tipos de interés, no podemos dejar de ponerlo en relación con la sangría de recursos públicos que funcionan en sentido contrario a los tradicionales mecanismos redistributivos. Los impuestos que recauda el Estado fundamentalmente sobre las clases medias y bajas (IRPF, IVA), se destinan a remunerar a las grandes fortunas y fondos de inversión especulativos que compran deuda pública española, con el agravante de que lo hacen a través de paraísos fiscales y/o SICAV, de manera que estos pingües rendimientos de capital no tributan a la Hacienda Pública, agravando así su insuficiencia de recursos.
De los 4 equilibrios macroeconómicos básicos (empleo, crecimiento, inflación y déficit comercial exterior), sólo la inflación (con matices) y el déficit comercial exterior están teniendo un comportamiento “aceptable”, pero más arrastrados por la recesión económica (caída en el consumo interno y en las importaciones) que motivados por un cambio en el modelo productivo.
Hasta aquí nos hemos referido a las macromagnitudes convencionales del sistema económico capitalista. Pero lo realmente importante es su impacto sobre la ciudadanía, y aquí el panorama es desolador en el presente, con perspectivas de seguir empeorando si no se da un giro de 180º en el paradigma económico que actualmente guía la política económica de las diferentes instancias de las administraciones públicas, desde la europea a la local, pasando por los gobiernos centrales y autonómicos.
Seguir aplicando políticas de austeridad salvaje para lograr en breve plazo un déficit público en el entorno del 3% del PIB, es un grave error económico, pues olvida que la propia reducción del gasto público tiene un efecto multiplicador, en este caso negativo, sobre la actividad económica, y por lo tanto, da lugar a un círculo vicioso que deprime aún más los ingresos públicos vía impuestos y, consecuentemente, mantiene la tensión al alza del déficit público.
No cabe duda que la aplicación de las propuestas keynesianas de expansión del gasto público (y por consiguiente del déficit público) con el fin de reactivar la demanda efectiva, tendrían más éxito para superar la recesión económica. Pero no podemos perder de vista los intereses que en la sombra manejan esta situación de excepción, que con mensajes falsos pero machacones de que tenemos un Estado excesivo alientan políticas de privatización de servicios públicos. Las políticas expansivas convencionales de gasto público, de carácter fundamentalmente productivista (infraestructuras de transportes antisociales y antiecológicos, megaproyectos de nula rentabilidad social), con la intención de retornar a las anteriores sendas de producción y consumo desbocados, no sirven para afrontar con éxito los verdaderos desafíos de la sociedad española: las desigualdades sociales y la grave crisis ecológica. Urge tener claro ese otro futuro, que no es continuación natural del capitalismo inhumano y depredador en el que estamos instalados. Por eso, cada vez más ciudadanos/as comienzan a organizarse de otra forma, porque no tienen confianza alguna en que el cambio que necesitan nuestras vidas pueda ser alentado/guiado desde estructuras políticas que se definen como democráticas, pero que en realidad son simples títeres manipulados por el gran capital especulador. Hoy por hoy, a la vista de cómo se reproduce el sistema político, con alternancias estéticas en el “poder” entre unos partidos y otros, parece que aún no ha llegado el tiempo de cambiar el sistema “desde dentro” mediante los mecanismos electorales ligados a la democracia representativa formal. Es más, creo que ese cambio “desde dentro” no tiene perspectivas de producirse a medio plazo.
La alternativa hoy pasa por impulsar cambios “desde o por fuera”, pacíficos, pero profundos en lo que respecta a las nuevas formas de organización social que demandan las desigualdades sociales y la crisis ecológica. Movimientos sociales como el 15M, el 25S, Constituyentes y otros de carácter más local están ahí. Han captado la esencia de los cambios que tenemos que acometer, y ahora se trata de comenzar a ponerlos en práctica, de momento en cercanía, en grupos con cierta afinidad, porque hay que estar preparados/as para acoger a un número creciente de personas que o bien están siendo expulsadas por el sistema actual o bien quieren salirse voluntariamente de él porque no le encuentran sentido ni futuro. En este punto, la reorganización de las relaciones laborales, comunitarias y de participación política van a cobrar una importancia singular en los nuevos tiempos que nos toca transitar.
Es preciso reconocer la falacia y la inviabilidad del crecimiento económico como solución a los males sociales y ambientales de nuestras sociedades. Frente a un mercado global y un mundo en venta, hay que apostar por relaciones sociales y económicas de cercanía donde, superado cierto nivel básico, más producción y más consumo no es mejor. En definitiva, desenmascarar el mito del crecimiento económico y comenzar a explorar las sendas que nos propone "la economía del bien común", “el decrecimiento” y/o “el buen vivir”.

- ¿Debería el estado español pedir la salida del euro? ¿Bajo qué argumentos?
A este respecto es preciso señalar que cuando hablamos del euro no nos referimos sólo a una moneda, sino a toda la estructura institucional que hay detrás de ella. Esto es muy importante tenerlo en cuenta. El Tratado de Maastricht de 1992 define el marco donde se desenvolverá la Unión Monetaria Europea. Dicho marco se caracteriza por: el establecimiento de límites estrictos al déficit público y a la manera de financiarlo exclusivamente a través de los bancos privados y fondos de inversión especulativos; un Banco Central Europeo (BCE) que se abre de par en par a estos mismos bancos, mientras que se cierra a cal y canto a la hora de facilitar financiación a bajos tipos de interés a las administraciones públicas; y políticas de la Unión Europea que, de acuerdo con su tradición de mercaderes más mezquina, no avanzan en la unión fiscal ni en políticas redistributivas que permitan invertir las vergonzosas desigualdades sociales entre países y dentro de cada uno de ellos.
Los motivos que justificarían la salida del euro en el caso español estarían ligados a las gravísimas consecuencias que está soportando la mayor parte de la población española como consecuencia de tener que cumplir rigurosamente los dictados impuestos por la troika (FMI, BCE y Comisión Europea) en lo relativo a la austeridad a ultranza. A priori, se hace difícil pensar que el futuro que tendríamos fuera del euro pueda ser peor aún del que se nos presenta siguiendo dentro de la eurozona. Por tanto, entiendo que el Gobierno de España debería exigir una flexibilización del Pacto de Estabilidad y unas nuevas reglas de funcionamiento del BCE, en ambos casos para evitar la actual asfixia que la carga de la deuda está produciendo sobre el conjunto de la economía. De lo contrario, el Gobierno de España debería, para evitar su deslegitimación ante la ciudadanía, no solo dejar de pagar la deuda, sino también plantear la salida del euro, lo que no sería un caso excepcional, pues tres países de la UE que podrían estar dentro de la moneda única, no lo están porque así lo han decidido libremente.
El argumento fundamental que justificaría nuestra salida del euro es la postura absolutamente inflexible, ineficaz e injusta que la UE tiene respecto a la forma de afrontar esta crisis de deuda y de desorden financiero. La UE no asume medidas como:
- La recapitalización directa de los bancos a través de fondos europeos y su conversión en entidades financieras públicas.
- La posible quita (condonación) de la deuda ilegítima asociada a gastos e inversiones que no han contribuido a prestar servicios sociales básicos.
- El cambio de las reglas de funcionamiento del BCE para que además de la inflación se preocupe por la recuperación de la actividad económica ligada a las necesidades reales de la gente, y para que compre deuda pública a bajos intereses directamente a los estados que la emiten, sin pasar por el filtro de los especuladores financieros que la revenden en los mercados secundarios.
- El control democrático y ciudadano de los mercados financieros y de las instituciones que operan en ellos, que están en el origen, difusión y persistencia de la actual crisis. En esta línea, avanzar en el impulso y consolidación de una banca pública y cooperativa que atienda con criterios sociales aquellos ámbitos que la banca privada deja de lado o bien atiende con criterios de usura.
- El cierre y la persecución de los paraísos fiscales, colaboradores imprescindibles para que el fraude fiscal siga mermando los ingresos impositivos y por lo tanto socavando nuestras democracias.
Salir del euro implica, sobre todo, recuperar instrumentos de política económica que tradicionalmente tenían los estados de la UE, y de los que hoy incluso siguen disponiendo EE.UU, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, China y la mayor parte de los estados del mundo. Me refiero a utilizar la política monetaria y financiera para favorecer la consecución de objetivos como el impulso de la actividad económica dirigida a satisfacer las necesidades básicas de la ciudadanía, fundamentalmente vía tipos de interés, tipos de cambio y supervisión bancaria.
Salir del euro implica, imponer férreos controles de movimientos de capital para evitar que la especulación continúe con sus estragos, teniendo claro que ello (los controles de capital) fue la norma en todos los países desde el final de la II Guerra Mundial hasta los años 80 del siglo XX, en que el pensamiento único neoliberal puso precio a todo, de la mano de legislaciones desreguladoras y liberalizadoras, favoreciendo la concentración del poder y la privatización y desmantelamiento de lo público.
Hoy por hoy, la posible salida de España del euro no es una ocurrencia insensata, ni un suicidio colectivo, ni nada apocalíptico. Es la única vía que queda para intentar invertir la actual senda de deterioro inexorable por la que está moviéndose la economía y la sociedad española en los últimos tiempos. La UE sólo se va a plantear cambios radicales en sus políticas anticrisis cuando algunos países miembros “se planten” y se nieguen a asumir las imposiciones de la troika. Quizás hoy no imaginemos al Gobierno del Partido Popular en España en esa postura de plante, pero tiempo al tiempo.

7 comentarios:

El taller del cantor dijo...

Gracias, Gregorio. Muy esclarecedor. Me vendrá bien para un charla que me han pedido en próximas fechas para explicar de manera sencilla la situación económica actual, en una escuela de madres de un barrio deprimido de Ciudad Rea. Buscaré algún vídeo sencillo en ATTAC Tv, también.

Antonio Esteban dijo...

Una muy brillante, clara y sintética explicación sobre el presente y futuro de nuestra tragedia española.... A propósito de la salida de España:

¿Sólo hay una manera de salir, por las bravas, o bien se puede hacer de una manera ordenada para que así las consecuencias negativas sean menores? Son muchos los economistas que afirman que las consecuencias negativas serían muchas a corto plazo aunque no es menos cierto que de seguir así y a corto plazo también nuestro futuro es negro...

¿Podrías decirnos cuáles serían las consecuencias inmediatas para los asalariados si España saliera del Euro o nos echaran, que también podría ocurrir?


Dejo un enlace que creo que entronca con lo que plantean sobre el Decrecimiento en positivo y que contrapone al decrecimiento "en negativo" que estamos padeciendo y por cuya senda seguiremos, dicen, hasta 2018...

Salud y República.

Antonio Esteban dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Goyo dijo...

Hola Antonio:
Intentaré aportar mi punto de vista a las cuestiones que planteas (por cierto, muy bueno el artículo de Manuel Castells que señalas http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121027/54353931421/manuel-castells-decrecimiento.html

Planteas la siguiente pregunta: ¿Sólo hay una manera de salir, por las bravas, o bien se puede hacer de una manera ordenada para que así las consecuencias negativas sean menores? Desde mi punto de vista, lo que ahora mismo impide la salida/expulsión de los países periféricos de la zona euro es la gran envergadura de la deuda privada (fundamentalmente) que los bancos de estos países mantienen con los bancos alemanes y franceses. La salida del euro iría de la mano de una devaluación de la nueva moneda de los países periféricos, y de la más que probable reestructuración de su deuda pública y privada (es decir, de una quiebra, quita o condonación de la deuda), que en última instancia afectaría de forma directa y grave a la estabilidad del sistema financiero francés y alemán, y por extensión al resto de la UE. Cuando el Bundestag ha aprobado los planes de rescate a Grecia, Portugal, Irlanda y a la banca española, el gobierno alemán ha transmitido con absoluta claridad de qué iba la cosa: “de rescatar a la banca alemana”. La posible salida ordenada, y supuestamente menos traumática (¿para los deudores o para los acreedores?), va a dilucidarse en un estira y afloja marcado por el aguante de la ciudadanía a los recortes sociales que el pago de esa tremenda deuda privada (convertida en pública mediante su socialización a través de los rescates nacionales a los bancos), va a seguir exigiendo mientras no haya recuperación económica. Se trata de un juego en el que mientras los deudores vayan pagando, se envían señales de que “todo va bien”. Los gobiernos de los países periféricos no se van a plantar, no van a exigir un trato más humano para su deuda, mientras la presión social en la calle no sea más intensa.

Luego lanzas la siguiente pregunta: ¿Podrías decirnos cuáles serían las consecuencias inmediatas para los asalariados si España saliera del Euro o nos echaran, que también podría ocurrir?
En este sentido entiendo que la situación de los asalariados/as en España puede empeorar más aún por dos motivos: porque aumente aún más el desempleo y porque continúen cayendo los salarios reales. En ambos casos hablamos de una pérdida de peso de la participación de los salarios en la renta (y al revés, un aumento del peso de la participación de los beneficios empresariales). La recesión en que anda metida la economía española agrava el desempleo y la caída de salarios nominales, lo que unido también al repunte inflacionario como consecuencia del aumento de precios de materias primas básicas, deprime aún más los salarios reales (salarios nominales ponderados por la tasa de inflación). Dentro del euro, sin cambios en el marco institucional que sustenta a la moneda común, lo anterior es la senda más probable que va a seguir la economía española. En cambio, fuera del euro, disponiendo de instrumentos de política económica como la devaluación, la financiación del déficit público a través de un banco central que financie directamente a los estados (como la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el Banco de Suecia o el Banco de Dinamarca), y un tirón del gasto público en aquellos ámbitos donde aún estamos por debajo de la UE-15 (sanidad, educación, servicios sociales) podría reactivar el empleo, y a rebufo los salarios. Una cosa más, la reactivación del empleo no será posible mientras sigamos insertos en un marco de liberalización comercial donde se pretende que compitamos vía mejora de la productividad y la competitividad contra países que no tienen la mas mínima consideración al respecto de los derechos laborales y humanos. Aunque este no es el camino, de momento es el que hemos comenzado a transitar.


juanmanuel dijo...

Todavía no veo que se diga claramente que el euro es una maniobra para invadirnos, tal y como se hacia antes con las armas, ahora con una simple moneda. Todavía pensamos que ha sido una serie de despropósitos y nefastas consecuencias que nos han llevado a esta situación, cuando detrás de todo esto hay una voluntad clara de hundir nuestras economías para apropiarse de todo. http://comunidad.terra.es/blogs/economiamundial/default.aspx

Enric Pastor dijo...

Hola, Goyo.
Tal vez para completar tus argumentos, estaría bien que los acompañaras con alguna estimación de cifras. Lo digo porque la mayoría de las veces, los argumentos político-económicos para permanecer dentro del euro se acompañan con una serie de cifras, tan buenas como cualesquiera otras -supongo- pero que dan como una mayor sensación de "argumento técnico".
Ya entiendo que ello podría alargar enormemente el comentario, pero al menos algunos enlaces a fuentes solventes estarían bien.

Un saludo desde Valencia

Vitacolino dijo...

Gracias, Goyo, por tus continuos esfuerzos de síntesis.
Yo también pienso que la salida del euro debería ser "de golpe" y, a poder ser, de varios países a la vez.
El gobierno español del PSOE perdió una oportunidad de oro para haber planteado en mayo de 2010 una pregunta clara al pueblo español: ¿quieren que sigamos en el euro a costa de desmontar los logros conseguidos en los últimos treinta años (todavía incompletos)? En ese entonces, sí que habría sido un terremoto político difícil de parar para Merkel y Sarkozy... En lugar de hacerlo, esperó a noviembre de 2012 para cambiar la Constitución y ahogarnos más con el pago de la deuda odiosa.
Así que tendrá que ser la gente del pueblo la que le exijamos al gobierno actual la salida... por más que Almunia siga coreando que cedamos más soberanía. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? ¿A qué precio? ¿Para beneficio de quiénes?
Salud y República.
Fernando.