lunes, 1 de septiembre de 2014

FRENTE AL PUCHERAZO, SARTENAZO DE CONFLUENCIA CIUDADANA


 
Los cambios políticos en nuestras sociedades pueden producirse por la vía electoral o a través de revoluciones. Generalmente los primeros tienen lugar dentro de un clima de relativa estabilidad social, mientras que los segundos suelen implicar rupturas en el orden establecido. Pero también existe la posibilidad de mestizaje entre ambas opciones: una revolución por la vía electoral.
 
Hoy existe una perentoria necesidad de abordar profundos cambios (rupturas) en lo que toca a los modos de organización política, social, económica y ecológica de nuestro mundo. En lo político para que el poder real retorne a la ciudadanía, en lo social para frenar e invertir desigualdades aberrantes, en lo económico para situar a las personas y a sus necesidades básicas en el centro y en lo ecológico para respetar la Madre-Tierra como origen y sustento de todas las formas de vida. Pero claro, quienes actualmente controlan y se benefician del actual “desorden”, no tienen ningún interés en que el poder retorne al pueblo y están haciendo todo lo posible para evitarlo.
 
Por eso, no debemos asustarnos cuando hablemos de revolución o rupturas siempre que sean pensadas y definidas desde abajo. Por el contrario, y a los hechos nos remitimos, términos como reformas o reestructuraciones en boca de gobiernos lacayos del gran capital, si que han producido y siguen produciendo mucho dolor y desazón a buena parte de la población. Más políticas de este cariz productivista, individualista y desintegrador sí sería para asustarnos
 
Hace unos meses el Gobierno de Castilla-La Mancha, que sólo ha sido votado por el 36% del censo electoral, reformó unilateralmente la ley electoral de esta región para facilitar su reelección en los próximos comicios. Hoy mismo, el Presidente del Gobierno de España ha anunciado una reforma de la ley electoral en lo que se refiere a la manera de elegir alcaldes/as, claro, para que los candidatos/as del PP lo tengan más fácil. Esta gente que gobierna para los poderes económicos y financieros no tiene otra intención con estos cambios más que seguir robando a manos llenas, sumiendo a la gente en la peor de las pobrezas: la ausencia de esperanza.
 
ES EL MOMENTO. A estas agresiones, en defensa propia, la ciudadanía decente debe responder con un sartenazo de confluencia política, que desbarate estas intenciones despreciables y siembre de esperanzas las ansias de la gente en su lucha por un mundo más justo.
 
En los procesos electorales que van a comenzar a gestarse en municipios, comunidades autónomas y Estado central, deben definirse (ya está ocurriendo) fórmulas de confluencia política absolutamente horizontales, que partan de la gente y queden ancladas siempre a sus necesidades, inquietudes e intereses. Y luego, si determinados partidos políticos o movimientos sociales afines desean participar de estos procesos de confluencia, sin pretensiones de protagonismo ni manipulación, mejor que mejor.
 
Confluencia política ciudadana para alcanzar el poder mediante el proceso electoral, con un programa elaborado desde las bases, absolutamente claro y transparente, que establezca desde el principio el alcance del nuevo orden político al que vamos a dedicar nuestras energías. Nuevo orden que por fuerza ha de ser revolucionario, al nivel de la gravedad de los problemas a los que nos enfrentamos como pueblo y como humanidad.
 
Al PP y a sus representados (las multinacionales, los bancos, las grandes fortunas, el hampa de la corrupción, el FMI, el BCE y la Comisión Europea) les va a salir el tiro por la culata. Las ansias de atarlo todo incluso a través del juego sucio electoral va a suponer una reacción del pueblo llano sin precedentes, de esas que tienen lugar en los momentos más difíciles, como el que ahora justamente nos toca vivir. Julio Anguita lo dijo bien claro el otro día: “Ahora. Sin pretextos”.
 
No trabajar hoy en pos del éxito del proceso de confluencia ciudadana es un lujo que no podemos permitirnos. La vida de las gentes normales y corrientes no se basa en lujos, sino en formas austeras y colectivas de resolver sus necesidades, para que nadie quede desprotegido. Lo público, lo comunitario y la redistribución son garantía de dignidad. Lo privado, el individualismo y la acumulación siembran el mundo de injusticias. El reto político que afrontamos no será nada fácil, incluso pudiera fracasar. Pero lo peor, con diferencia, sería no afrontarlo. Creo que mucha gente de bien, o votará CONFLUENCIA, o no votará.

miércoles, 27 de agosto de 2014

LOS PARTIDOS AUTODENOMINADOS SOCIALISTAS EN EUROPA: TRABAJANDO PARA EL GRAN CAPITAL


 
En la primavera del año pasado, por recomendación de Paco Álvarez, leí el libro ¡Votad la desglobalización! Los ciudadanos somos más poderosos que la globalización (2011, Paidós, Barcelona). El autor del mismo es Arnaud Montebourg, que entre abril y agosto de 2014 ha sido efímero Ministro de Economía del Gobierno Socialista de Manuel Valls en Francia.
 
No conocía la trayectoria anterior de este autor, no obstante, cuando me enteré de su nombramiento como Ministro de Economía de Montebourg me pregunté hasta qué punto sería capaz de impulsar desde el gobierno determinadas políticas coherentes con las reflexiones que apuntaba en su libro, algunas de las cuales cito textualmente a continuación:
 
“Las reducciones de impuestos y de cotizaciones sociales sobre los beneficios de las empresas, sobre las grandes fortunas, sobre los patrimonios y las rentas más altas no han hecho sino extenderse, en una carrera suicida por resultar más atractivos (…) En la competencia fiscal desenfrenada que han iniciado los Estados del norte, no hay otra salida más que la destrucción de la protección social y los servicios públicos, y el incremento estructural de la deuda pública, con las medidas finales injustas que eso conlleva” (páginas 32-33).
 
De ahí que la desglobalización suponga una “reacción a favor del trabajo y contra los dividendos, la reacción a favor de la industria y contra las finanzas, la reacción a favor de la creación contra las rentas” (Montebourg, 2011, 45). Y aquí es donde entraría en juego un “proteccionismo de nuevo cuño”, que “no es un proteccionismo del miedo al otro, sino un proteccionismo cooperativo, de la inteligencia y la generosidad, de la mutación colectiva, un proteccionismo altruista y solidario porque organiza concretamente el renacimiento o la construcción en cada uno de los países de un mercado interior, de una agricultura y una industria fuertes (…) Es un proteccionismo de desarrollo y emancipación, que garantiza a los pueblos el derecho a decidir” (páginas 46-47).
 
“La desglobalización es, por último, un programa para una Europa sin proyectos, zarandeada por las crisis económicas y financieras, que no ve que el libre comercio y la competencia generalizada son para ella el principio del fin. La autodestrucción de Europa está programada, la desglobalización es su salvación. Pero ésta deberá pasar por Alemania” (página 62).
 
Por eso, quienes albergaban alguna ligera esperanza en que los partidos socialistas europeos podrían dar un giro para refundar Europa bajo principios sociales y ecológicos, ya pueden ir convenciéndose de lo contrario. La dimisión de Montebourg como ministro el pasado 25 de agosto puede resumirse con un epitafio lapidario escrito por él mismo en el citado libro: “El ciclo loco de la globalización es un pozo sin fondo, una máquina desajustada cuyo carburante es encontrar continuamente gente más pobre y más dócil (página 19)”.
 
Tan pronto se ha conformado el nuevo gobierno socialista francés se ha anunciado una inminente reforma laboral para mejorar la competitividad de la economía francesa (con trabajadores/as más pobres y más dóciles, claro), así como un firme compromiso con el cumplimiento del objetivo de déficit público (austericidio fiscal).
 
Estas son las políticas socialistas recientes en Francia, calco de las políticas socialistas españolas en el período 2010-2011. Partidos socialistas incapaces de abrir vías de esperanza para la gran mayoría de la población de sus respectivos países, que en vez de plantar cara al desguace controlado de derechos sociales y políticas públicas, asumen un rol de colaboradores necesarios con las rancias directrices neoliberales que campan a su antojo en la Unión Europea.
 
Partidos autodenominados socialistas que traicionan a cada momento los principios socialistas de libertad, justicia social y solidaridad. Partidos que se presentan como alternativa electoral, pero que no son alternativa política.

miércoles, 9 de julio de 2014

YO, TODOS, NADIE. SOBRE LA REFORMA FISCAL Y EL CONCEPTO DE CASTA

 
YO quiero pagar más impuestos al Estado, para que los diferentes niveles de las administraciones públicas desarrollen políticas públicas de acuerdo con los principios de participación ciudadana y transparencia, con el objetivo último de construir comunidades de iguales mediante la redistribución de la renta y la riqueza.
Quiero también que TODOS los que tengan capacidad económica suficiente, paguen más impuestos. Porque los esfuerzos compartidos, solidarios y universales son los que cohesionan nuestros barrios, pueblos y territorios.
Pero lo que REALMENTE QUIERO con mi aportación al sistema impositivo es que NADIE quede excluido de una vida digna y que se reduzcan las vergonzosas desigualdades sociales que no paran de crecer, destruyendo personas y esperanzas por doquier.
La reciente reforma fiscal del PP, y las que en años anteriores aplicaron gobiernos de este mismo partido y también del PSOE, han ido en la línea de agudizar la desigualdad, reduciendo los impuestos directos progresivos (aquellos que aumentan con la capacidad económica del contribuyente: IRPF, Impuesto de Sociedades, Impuesto de Patrimonio) y aumentando los impuestos indirectos regresivos (aquellos que se pagan por igual sin distinguir la capacidad económica del contribuyente: IVA, Impuestos Especiales del Tabaco, Alcohol e Hidrocarburos). Ambos partidos han trabajado a conciencia al servicio de las rentas altas, las grandes fortunas y las grandes empresas, contribuyendo así a crear una casta social y política privilegiada. Mientras “España iba bien”, el crecimiento económico y sus efectos automáticos sobre la recaudación, apenas si se notaban los efectos negativos de estas medidas sobre la caída de la recaudación. Pero cuando la recesión y el estancamiento llevan varios años instalados entre nosotros/as, de aquellos polvos, estos lodos. Falta recaudación impositiva así como voluntad de atajar el fraude fiscal, la corrupción e impulsar la progresividad fiscal, y los gobiernos que han gestionado la crisis no han querido ver otra solución más que los recortes sociales, los mismos que nos han llevado a la fractura social.
Los recortes sociales, y toda la afrenta pública que está produciendo sobre la gente de bien, son el detonante que ya ha comenzado a romper el régimen que surgió de la Transición. La casta no se entera, y temerosa de perder sus privilegios, carga la artillería contra las gentes que pretenden construir alternativas humanizadas a este modelo político, social y económico absolutamente agotado, que en sus estertores no cesa de causar dolor a gentes inocentes.
Ayer mismo, uno de los candidatos a las primarias del PSOE sacaba un video donde militantes de base de este partido se enorgullecían de pertenecer a la “casta socialista”. Allá cada uno con el mensaje, que luego los hechos son los que nos retratan. Yo, que siento muy cercana esa forma de ser y estar de hombres y mujeres SOCIALISTAS DE VERDAD, no puedo por menos que tildar de mal gusto ese intento de echar por tierra el concepto de casta introducido por PODEMOS. Como si la cosa no fuera con ellos.
Los/as socialistas de verdad que aún militan en el PSOE son de casta, porque tienen una “calidad del origen” (primera acepción del término según la Real Academia Española): un partido fundado en 1879 como referente para las clases más desfavorecidas en la lucha política por la justicia social. El concepto de casta de PODEMOS se refiere a la tercera acepción del término según la Real Academia Española: “grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás” en este caso por pertenecer al conjunto de representantes políticos que lejos de velar por el interés de los más desfavorecidos, están al servicio de los poderes económicos y financieros.
Es lo que tiene la riqueza de nuestra lengua, que con una misma palabra podemos afinar y no mezclar churras con merinas. La casta de políticos sin alma, desde hace más de dos décadas, viene haciendo reformas fiscales al dictado del gran capital. Las mujeres y hombres que quieren tomar las riendas de su destino luchan para desmontar esa casta política privilegiada, para que la justicia social sea la verdadera seña de identidad de nuestra sociedad.
 

martes, 3 de junio de 2014

LA ÉLITE DEL PSOE: HUNDIENDO DEFINITIVAMENTE LAS ESPERANZAS DE SUS BASES

 
Cualquier colectivo social o partido político debe ser, en última instancia, lo que deseen las personas que lo forman, a través de una participación ciudadana abierta y transparente.
Abierta, porque todo ciudadano/a con una sensibilidad afín debiera poder expresar su opinión y emitir su voto en los procedimientos internos de toma de decisiones orgánicas y políticas.
Transparente, porque todos los argumentos que deben considerarse en la toma de decisiones tienen que ser de conocimiento público, y lo más importante, comprensibles para toda la ciudadanía.
He tenido ocasión de conocer el PSOE de Albacete y de Castilla-La Mancha desde dentro, entre los años 2001 y 2007. Siempre percibí un abismo entre sus élites (la casta, PODEMOS dixit) y sus bases. Las primeras ocupadas en mantener o ampliar sus cuotas de poder, en controlarlo todo y en silenciar cualquier atisbo de autocrítica. Las segundas implicadas de lleno en mejorar sus pueblos y ciudades con criterios de justicia social, al lado de la gente. Bueno, una pequeña parte de las bases también hacía el juego a las élites a través de labores de “comisaría política”, pero en su gran mayoría eran (y son) mujeres y hombres humildes, honestos y fieles a los principios socialistas.
La respuesta de las élites regionales y federal del PSOE ante los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos diez días, creo que va a ser la vía de agua definitiva que termine por hundir un partido con 134 años de historia, que nació socialista y republicano, y languidece neoliberal y monárquico.
Respecto a la debacle en las recientes elecciones al parlamento europeo, las élites del PSOE, en un ejercicio sin precedentes, parece que apuestan por la elección de la nueva secretaría general mediante un consulta no vinculante en la que participen los militantes, eso sí, mediante un filtro de avales que evite “sorpresas”. Con esta manera de proceder se restringe el elenco de candidatos/as apenas a un puñado de actuales dirigentes, perdiendo una ocasión de oro para acometer una renovación de raíz mediante un proceso de elecciones primarias abierto a la participación no solo de militantes, sino también de simpatizantes y ciudadanía en general. La refundación (que no renovación) profunda y sincera que necesita el PSOE no puede ser liderada por quienes lo han metido en este callejón sin salida, no puede ir adelante sin nuevos procedimientos horizontales de participación ciudadana, que rompan las concentraciones de poder económico que en las últimas décadas han hinchado la desigualdad social hasta límites inhumanos.
Respecto al panorama político que se abre tras la abdicación del rey, a la élite del PSOE, junto a la del PP y UPyD, le ha faltado tiempo para sumarse a la ola de complacencia con el régimen político surgido de la Transición, ignorando el clamor de la calle a favor de un referéndum para que el pueblo decida entre monarquía o república, así como sobre otras reformas constitucionales urgentes. Los partidos políticos que no desean abrir los procesos de decisión al conjunto del pueblo soberano es porque “no se fían” de la madurez política de éste, y por lo tanto, no son dignos de representarle. Ayer, muchos militantes socialistas estaban en la calle manifestándose por la república, mientras, la élite del PSOE preparaba todo para la proclamación del nuevo rey.
Con todo mi respeto y cariño a un montón de mujeres y hombres socialistas de verdad, que he tenido la suerte de conocer y aún conservo su amistad, en esta encrucijada el PSOE vuelve a equivocar su camino, apostando por apuntalar un régimen político absolutamente agotado, corrupto, elitista, que se desarrolla de espaldas y a costa de las verdaderas necesidades de la gente. No basta autodenominarse de izquierdas o progresistas y permanecer arriba, las gentes de izquierda siempre han estado abajo, trabajando en plano de igualdad con los “nadies” de la Tierra, buscando compañeros/as de viaje en la diversidad de colectivos y formaciones políticas que aspiran a devolver al pueblo llano la soberanía que sucesivos gobiernos del PP y del PSOE han puesto en manos del gran capital.

domingo, 20 de abril de 2014

LA UNIVERSIDAD HOY: ¿ENSEÑAR TÉCNICAS SIN ALMA O PENSAR LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL?

 
A lo largo del tiempo la Universidad ha cumplido el papel de gestora del conocimiento en nuestras sociedades. En las universidades se han deslindado los saberes de la humanidad y se les ha puesto el cuño de “científicos” a aquellos que cumplían determinados criterios en cuanto a la forma de generarlos y contrastarlos con la realidad.
La Universidad no se ha escapado a las presiones y manipulaciones de determinados grupos que la han utilizado para disfrazar como generales sus propios intereses particulares, para justificar la apuesta social por determinados estilos o modelos de desarrollo en beneficio propio.
Los desarrollos de las ciencias formales (lógica, matemáticas,…) están menos sujetos a los condicionantes definidos por los juicios de valor preponderantes de una sociedad. Sin embargo, los de las ciencias naturales y las ciencias sociales (especialmente estos últimos), están absolutamente vinculados a ellos. En muchas ocasiones, los resultados teóricos y las recomendaciones políticas de ciertas disciplinas científicas son el reflejo de determinados postulados éticos o valores que en ningún caso representan los de la mayoría social.
Por eso, sin perjuicio de reconocer el gravísimo daño causado por la política de recortes en el ámbito de la Universidad (subida de tasas, reducción de becas, despido de PAS, investigadores/as y profesorado), que afecta fundamentalmente a su papel de transmisora de técnicas y conocimientos, personalmente me preocupa muchísimo la faceta de adalid del pensamiento crítico y de la transformación social que siempre se le ha supuesto (incluso demandado) a la Universidad.
 
Creo que si hoy (y siempre) la Universidad ha tenido un papel clave, éste ha sido el de ayudar a pensar por cuenta propia a sus alumnos/as, y por extensión al conjunto de la sociedad. No a enseñar nada (porque no hay verdades absolutas ni depositarios de las mismas), sino a despertar preguntas en las personas sobre quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos…y la más importante ¿cómo vamos?. Pero desgraciadamente, frente a esta tarea de incordiar conciencias individuales y colectivas, primer paso hacia una transformación social liberadora, la Universidad actual ha ido cumpliendo cada vez más una función legitimadora de un capitalismo neoliberal que pone el dinero por encima de todo, donde las personas son simples mercancías (mano de obra) y autómatas adiestrados (consumidores).
 
A pesar de que con la actual crisis se ha venido abajo TODO el sistema político, social, económico y de valores, a pesar de que los medios naturales y sociales que compartimos son cada vez más hostiles para el desarrollo de una vida digna, en la mayor parte de escuelas y facultades de nuestras universidades se siguen enseñando doctrinas que nacen, crecen y se desarrollan en un mundo ideal al margen de la realidad que vivimos.
 
El debate argumentado de ideas, bien pegado a las inquietudes y necesidades reales de las gentes que peor lo están pasando, en su mayor parte tiene lugar fuera de la Universidad, en los márgenes, donde los movimientos sociales más diversos, con convicciones profundamente humanista, no admiten las respuestas del poder del tipo “no hay alternativas”. Las alternativas las construyen las personas cuando se juntan a poner en común sus sueños, y nunca podrán surgir de las modernas cátedras que en nuestras universidades financian grandes empresas multinacionales, sencillamente porque aspiran a un mundo basado en la sumisión, modelado para mayor gloria de sus intereses más mezquinos, donde las personas solo entran si aceptan a despojarse de su dignidad.
 
O nuestra Universidad (sus alumnos/as y profesores/as) se mezcla en el bullicio de los movimientos sociales, en un plano de absoluta igualdad, para conocer lo que hoy está viviendo y sintiendo la mayor parte de la población tanto aquí al lado como allende los mares, o acabará por convertirse en un engranaje más del sistema, que ahonda en una trayectoria de injusticia social cada vez con mayor riesgo de explosión violenta y generalizada.
 
Que las universidades privadas (guiadas por determinados intereses empresariales y de las élites económicas que allí se forman), entren en el juego de legitimar un capitalismo depredador e inhumano, tiene explicación. Lo que no la tiene es que las universidades públicas (financiadas en su mayor parte con recursos públicos y con las tasas de los/as estudiantes), se plieguen a los intereses del gran capital para seguir pregonando como inevitable la muy injusta organización y reproducción social, política y económica de nuestro mundo, en las antípodas de valores universitarios como la crítica, la ética y la vida digna.
 
 

martes, 25 de marzo de 2014

LO QUE HE VIVIDO DENTRO DE LA MARCHA DE LA DIGNIDAD

He tenido la dicha de caminar durante una semana con la columna sureste de la marcha de la dignidad. Más de 200 mujeres y hombres de las provincias de Murcia, Alicante, Valencia y Albacete que pusieron rumbo a Madrid para decir alto y claro LAS PERSONAS PRIMERO.
Sin menospreciar en ningún momento el resultado (el éxito final de la manifestación del sábado 22 de marzo), lo mejor fue el proceso (el camino previo que nos llevó hasta Atocha). Desde el primer momento en que uno se incorpora a la marcha, se tiene la sensación de estar con amigos/as de toda la vida, con los que puedes retomar una conversación en el mismo punto en que se dejaba ayer. Gentes curtidas en mil luchas justas, que rebosan sencillez y humanidad, que tienen muy claro que sólo hay un camino para enfrentar la actual fase de rapiña global del gran capital: reforzar los vínculos que unen a quienes creen en la cooperación y la fraternidad entre los pueblos.
Y en el camino se entremezclaban afectados/as por los desahucios, desempleados/as, defensores de sanidad, educación y servicios sociales públicos y de calidad, colectivos de discapacitados/as, ecologistas, partidarios de realizar una auditoría a la deuda pública, concejales/as de ayuntamientos, militantes y simpatizantes de partidos políticos y sindicatos que se oponen a los gobiernos de la troika,…y personas normales y corrientes, que se niegan a ser cómplices con su silencio y su pasividad de políticas públicas que destrozan y humillan a la gente.
Y como siempre, hay altos en el camino, que sirven para reponer fuerzas y para saborear el paisaje, constatando que los anhelos de cada uno/a de nosotros/as son compartidos por mucha más gente en lugares que ni siquiera conocíamos. Los recibimientos de la gente de los pueblos de la ruta con sonrisas cómplices, con lágrimas de emoción y/o con el puño en alto, hacen que el desayuno, la comida o la cena, preparada por extraños/as, sepa igual o mejor que en nuestra propia casa: caldo de patatas con bacalao, con cordero, con verduras, cocido, estofado de habichuelas, tortillas de patatas, macarrones, bocadillos de chorizo, caldo reparador, fruta, café con leche, magdalenas, galletas,… Una metáfora de lo que es la cooperación entre iguales: dividiendo tareas y estando prestos a echar una mano en todos aquellos temas que incumben a la comunidad. Sin temer ni preocuparnos por la manera en que resolveremos nuestras necesidades básicas, porque sabemos que si todos/as nos responsabilizamos de todos/as, hay recursos y manos de sobra para que nadie quede marginado, y para que además, crezcamos como personas y nos lo pasemos bien.
Lo público (lo comunitario) por su capacidad para la redistribución de la renta y la riqueza, así como para garantizar los cuidados a las personas dependientes, es el instrumento clave para luchar contra la desigualdad y para mejorar la calidad de vida. Los intereses privados SIEMPRE deben estar supeditados a los comunitarios, no como ahora que ocurre justo al revés. Y para ello, las marchas de la dignidad predican con el ejemplo, reuniéndose en Asamblea, debatiendo y decidiendo de manera transparente, al contrario que el actual sistema político al que “llaman democracia y no lo es, es una dictadura y lo sabemos”.
Personas diversas que se juntan con el objetivo de construir un mundo justo e inclusivo. La marcha de la dignidad es el camino.

lunes, 3 de marzo de 2014

DE HUELLAS Y OLMOS VIEJOS…ANTONIO MACHADO SIEMPRE

 
En los últimos años, las clases medias y bajas de los países capitalistas de segunda división (España entre ellos), están experimentando en propias carnes una mayor precariedad y falta de esperanza en el futuro. El 80% de la población mundial, arrinconada y explotada en los países empobrecidos, ya estaba instalada en una crisis permanente desde mucho tiempo atrás, pero eso no era un problema acá.
Aquella máxima de que el crecimiento económico resolvería los males de todos/as, de los de arriba por la progresiva acumulación y de los de abajo por el rebosamiento de la opulencia, ya no tiene más recorrido. Además de ser profundamente inhumana e injusta, y sólo por eso estar condenada a ser reconsiderada (por las buenas) o dinamitada (por las malas), también nos hemos percatado de que la explotación a gran escala de los recursos naturales (materiales y energéticos) en que se basaba, ha llegado ya a su cénit, y ahora sólo cabe prepararnos para un futuro donde si hay algo seguro es que nuestros estilos de vida ya no serán continuación de los que han tenido lugar durante el último siglo de uso masivo de petróleo y envenenamiento de la Naturaleza.
Creo que las metáforas de Machado, sobre las huellas y el camino, sobre el olmo viejo, nos dan pistas para repensar nuestras vidas personales y sociales, en la perspectiva de un nuevo mundo. Nuestra libertad, si realmente hacemos uso de ella (que ese es otro cantar), nos permite poner nuestros pies allá donde queramos. Aunque desde arriba se nos construya una autovía de gran capacidad y se nos lance por el carril de aceleración, para transitar por caminos marcados donde la prisa nos distrae de la vida, las gentes pueden juntarse, abajo, para intuir estelas de dignidad, que a ras de tierra, tomando lo mejor de aquellas culturas que nos precedieron en el espacio, revitalizar nuestros territorios, rompiendo el maleficio de la uniformidad y de la globalización mercantil que siembran la alienación por doquier.
El olmo viejo es el espíritu trascendente de la humanidad, garantía de convivencia, respeto y cooperación. Al final, las hojas verdes (que no brotes del mismo color, que eso suena a neoliberalismo puro y duro), son la vida, que cada primavera acude puntual a su cita con todos los bichos y matojos. La primavera, en nuestras culturas rurales olvidadas y despreciadas, es la explosión de la vida sin ataduras, y sólo domesticada un poco para conseguir el sustento de las personas. Porque las personas no estamos hechas para competir a muerte unas con otras, sino para cooperar. Lo monetario no debe convertirse en el fin último de nuestras vidas, y cuando así ocurre, mucha gente, comenzando por nosotros/as mismos/as, lo pasamos mal. El olmo viejo (sabio por viejo) es la victoria de la vida, al que le bastan las lluvias de abril y el sol de mayo para resucitar de su letargo. Aún no estamos muertos, y vivos no podemos descansar en paz mientras las injusticias aporrean la aldaba de nuestras conciencias, mientras nuestras formas de estar y de ser alientan dichas injusticias.
Ni a leñadores ni a carpinteros sin escrúpulos debemos vender la vida que nos rodea y la vida que somos. En mi tierra los almendros ya han florecido y prometen fruto si logramos alejar el frío de la indiferencia.